La belleza es la antesala de la verdad y la bondad. No es el atajo de la estética. Es alegría y sorpresa. La presencia de lo infinito en lo finito. La libertad que se deja ver.
La poesía española para, templa, manda y carga la suerte en el ruedo literario. En el albero las palabras entran a matar la rutina y cada verso cita a la muerte para que la belleza sobreviva. En ese ruedo imposible, don Ignacio Sánchez-Mejías fue siempre el torero que hacía el paseíllo con un libro en la mano. Un hombre que entendió que la cultura, como el toro, sólo revela su verdad cuando alguien se juega algo de sí mismo.
Camarón abrió una puerta que no existía. No solo porque grabó un disco extraño para su tiempo, sino porque aceptó que el duende podía ir de la mano de un bajo eléctrico, de una batería, de versos de Lorca y de la mano de Ricardo Pachón.
Un ruedo como promesa de lo eterno. El albero como la tierra prometida. La puerta grande como metáfora del triunfo. Morante de la Puebla cortándose la coleta en las Ventas.
Roma es belleza sellada en piedra. Hermosura de lo que persiste. Primavera granítica. Luz eterna que reposa sobre la frente del Papa muerto. Francisco en su tumba en la basílica de Santa María la Mayor.
El dolor es un domingo por la tarde. La luz a la que se le ha parado el reloj. Una herida en el tiempo. La vida como camino de vuelta. La plenitud que no fue. Francisco Umbral en la muerte de su hijo Pincho.
Los “nativos inteligentes” son la nueva generación que está creciendo en un entorno donde la inteligencia artificial (IA) es parte fundamental de sus experiencias diarias. Interactúan y dependen de diferentes sistemas inteligentes, que modelan, influyen y anticipan sus decisiones y comportamientos como nunca lo había hecho antes tecnología alguna. Los jóvenes de hoy constituyen la primera generación formada en esta nueva revolución tecnológica.