Salvador Allegado Illa

Diciembre es el invierno sin excusa. El viento de Adviento y el frío como ornamento. Quién nos lo iba a decir: nuestra  Navidad amenazada por la nueva política allegada.

El pasado miércoles el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud anunció su plan para la celebración de la Navidad en el actual contexto de pandemia. Lo más significativo del mismo es que se podrán encontrar  familiares y allegados. Salvador Illa trató de explicar posteriormente el concepto novedoso para la epidemiología de allegado. Se refirió al mismo como a una persona con la que se tiene “una afectividad especial”, incluso sin que medie un "vínculo familiar definido en el sentido tradicional". Ni al mismísimo Iván Redondo se le hubiese podido ocurrir un mejor término para decirle a los españoles que podemos celebrar estos días con quien nos dé la gana. Las lecciones sobre las nefastas consecuencias sobre la curva epidemiológica en EEUU tras la celebración de su Día de Acción de Gracias han servido de poco a nuestras autoridades. Una movilidad sin control se traduce en aumento de contagios y hospitalizaciones, y finalmente en más muertos.

El actual ministro de Sanidad conoce bien lo que representa en política el privilegio del allegado. De la mano de Miguel Iceta accedió al Gobierno, sin otro mérito que representar a la cuota del PSC con el que estaba en deuda Pedro Sánchez. Su elección allegada ha sido una de las peores noticias que recibimos los españoles durante este nefasto año. Su gestión de la crisis al frente del Ministerio de Sanidad es un tratado de incompetencia. Su permanente apelación a la responsabilidad individual como único mensaje final de todas sus medidas es el mayor indicador de su fracaso. Salvador Allegado Illa se ha convertido por méritos propios en el nuevo caganer de un gobierno sin belén.

 

 

 

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