Página par

<p> La columna de opini&oacute;n es literatura par, roja y pasa. En la ruleta del periodismo actual hay muy poco sitio para la met&aacute;fora. Demasiados intereses colman el tapete verde, y las fichas del poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico ocupan gran parte de las n&uacute;meros encerrados que dibujan las tres columnas que sostienen el edificio de un peri&oacute;dico.&nbsp; Al milagro de las letras le quedan pocos rect&aacute;ngulos&nbsp; donde poder colocar sus fichas.</p> <p> La esperanza desciende al cilindro del periodismo en forma de bola que sigue dej&aacute;ndose seducir por lo valioso y no admite &oacute;rdenes. No todo est&aacute; perdido. El nuevo periodismo, el &uacute;nico periodismo, s&oacute;lo encuentra su presente en el reportaje de altura y en el abismo de la columna de opini&oacute;n. La textura de jarr&oacute;n chino que ha adquirido el oficio de periodista con la llegada de las hordas provenientes de las redes sociales,&nbsp; obliga a la radical apuesta por la calidad y la originalidad.</p> <p> El escritor hipoteca&nbsp; su vida en los cimientos p&eacute;treos de la novela, la rima de unos versos necesarios o el universo de un elevado ensayo, pero siempre se divierte en la columna: el sexo de la literatura. En ella encuentra la libertad que la tapa dura no concede, hace m&uacute;sculo y explora nuevos territorios. Cada semana puede comprobar la actualidad de su literatura, su alcance real. No necesita la cr&iacute;tica a conciencia, ni el comentario de texto en el aula. S&oacute;lo debe asomarse a las aguas que ba&ntilde;an el sexto continente que ha emergido con internet y obtiene las respuestas de los lectores sin filtro.</p> <p> En la columna uno escribe sin red. Camina por el alambre paso a paso, sin prisa, mirando al frente, encontrando el equilibrio entre las ideas y el estilo. A tientas el lector te reconoce en el primer p&aacute;rrafo y se atreve a acompa&ntilde;arte hasta el punto final. Escribir es vivir a c&aacute;mara lenta,&nbsp; atrapar la realidad con las palabras, conseguir que la belleza no descanse , seducir con el sujeto, verbo y predicado, quemar y arder a la vez. El precio a pagar siempre es alto. La intensidad del ninguneo de los iguales es un buen term&oacute;metro de la influencia de lo que uno escribe.</p> <p> Ma&ntilde;ana cumplir&eacute; mis cuarenta y siete primeros a&ntilde;os, y despedir&eacute; mi quinta temporada en &ldquo;El sitio de mi recreo&rdquo; en una nueva p&aacute;gina par de SUR. Para los m&eacute;dicos seguir&eacute; siendo un escritor y para los escritores, un m&eacute;dico. &iquest;Y para los lectores?</p>

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