Manuel Abril Alcántara

Abril es un mar con memoria. Una pena azul de treinta días y una sola luna llena. Un libro con poemas a los que se le obligó a ser tristes. Un manuscrito de tinta negra en el que leo el nombre de mi madre desde hace siete años y el de Manuel Alcántara hace ya un año.

Para escribir el nombre de mi madre la recuerdo. Ambos partieron cuando la primavera todavía no tenía prisa pero el cielo los aguardaba. Carmen, mi Carmen, partió sin ser notada, y el maestro cuando se puso pálido el día.

El mar Alcántara es un género literario que baña nuestra Málaga. Don Manuel convirtió la columna periodística en literatura navegable. La actualidad era el ruido que atrapaba para la última página del periódico, su poesía fue su manera de estar en silencio. Lo eterno sólo cabía en sus versos, lo efímero aparecía en el periódico. Fue el poeta que no fue y el columnista que nunca quiso ser.  En estos días recios, seguro que se detendría en el juego de piernas de José Luis Martínez Almeida, el Manny Pacquiao de la política española. Para ser un buen alcalde de Madrid no ha necesitado la mala jindama de Enrique Tierno Galván, ni gozar del favor de los medios de comunicación como Carmena. La política española es un cuadrilátero con púgiles con exceso de peso en la báscula del sectarismo. La épica está reservada para los púgiles que se reconocen en lo pequeño.

Mis trecientas estrechas palabras dominicales me hacen más Alcántara y menos Trujillo. No saben lo que han hecho en SUR. Carmen es el nombre de mi triunfo, Manuel el de mi camino: veré toda la mar enfrente, y no estaré triste por nada mientras el sol no se arrepienta.

 

 

 

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