El misterio del dolor

<p> El dolor es una verdad sin disfraz. Es lluvia que moja, fr&iacute;o que hiela. Por ser tan humano, tan constante, se convierte en alg&uacute;n momento en real. La vida no es otra cosa que la no rendici&oacute;n frente al sufrimiento y el dolor, que en tantas ocasiones pretenden empeque&ntilde;ecer la altura del hombre.</p> <p> Son muchos los que se enga&ntilde;an trabajando por una sociedad que apuesta casi en exclusiva por el lado amable de la vida, y cuyos referentes son el &eacute;xito, la popularidad, el placer y la riqueza. Indudablemente as&iacute; no hay sitio para el env&eacute;s de nuestra propia existencia. Su lucha por eliminar el dolor de forma razonada no s&oacute;lo se queda ah&iacute;, sino que tambi&eacute;n se empe&ntilde;an en silenciarlo y retirarle sus caracter&iacute;sticas de real y autentico.</p> <p> Rechazar sistem&aacute;ticamente el sufrimiento y el sacrificio que inevitablemente la realidad nos demanda, se puede conseguir al precio de aceptar una vida falseada en sus cimientos, que al precio de deshumanizarse paulatinamente, engendra personalidades afectivamente d&eacute;biles e inestables.</p> <p> En estos d&iacute;as de Triduo Pascual, con las im&aacute;genes de Jesucristo y la Virgen Mar&iacute;a recorriendo nuestras calles, somos muchos los que buscamos respuestas en nuestra fe al misterio del dolor.</p> <p> El psiquiatra austriaco Victor Frankl escribi&oacute; su famoso libro &ldquo;El hombre en busca de sentido&rdquo;, tras ser liberado de un campo de concentraci&oacute;n nazi.&nbsp; Sentenci&oacute; sin dudarlo: &ldquo;&ldquo;El inter&eacute;s principal del hombre, es el de encontrar un sentido a la vida, raz&oacute;n por la cual el hombre est&aacute; dispuesto incluso a sufrir a condici&oacute;n de que este sufrimiento tenga un sentido&rdquo;. Cuando la vida se encuentra en apuros, el sentido nos puede recordar sonidos propios de la grandeza de nuestra dignidad y nuestra individualidad, que nos permiten seguir plantando cara a la adversidad.</p> <p> En mi carrera profesional como m&eacute;dico, he sentido la llamada de la par&aacute;bola del &ldquo;buen samaritano&rdquo; en numeros&iacute;simas ocasiones, y he comprobado que en el dolor y en el sufrimiento, s&oacute;lo podemos acompa&ntilde;ar desde la sinceridad de nuestras heridas propias, desde la humanidad de nuestro dolor. Por desgracia no hay respuestas sencillas para los metros de profundidad de la desaz&oacute;n del que sufre. Las personas creyentes queremos confiar que en la l&oacute;gica de nuestra historia, encontraremos sentido a nuestras vidas, ya que la<em>fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve v&aacute;lido para la eternidad. </em></p> <p> &nbsp;</p> <p> &nbsp;</p> <p> &nbsp;</p> <p> &nbsp;</p> <p> &nbsp;</p>

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