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De chapiris y comunistas con Iphone

Alberto Garzón es la nota a pie de página de la izquierda populista española. Desapareció del relato principal de la actualidad política cuando prefirió la comodidad de su sillón en la Carrera de San Jerónimo a la defensa de la identidad de la formación política que dirigía. 

Desde el pacto del botellín, no le conocemos ninguna intervención o iniciativa que vaya más allá de los ciento cuarenta caracteres. Podemos se deshizo en el primer cuarto de hora de todo lo que tenía que ver con Izquierda Unida, sin crítica alguna por parte de los supuestos afectados, demostrando tener poca sensibilidad por los suyos y unas grandes tragaderas. Él seguía estando  a salvo al menos cuatro años. Sin duda, la entrega de su partido a la formación morada será estudiada en los manuales de supervivencia para políticos de menú del día.

A falta de minutos en la tribuna parlamentaria, en los platós de televisión y en los salones de actos de las universidades tomadas por el populismo, sólo le queda Twitter al diputado Garzón. En esta semana demostró tener una piel demasiado fina cuando criticó la visita de los Caballeros Legionarios al Hospital Materno Infantil de Málaga para acompañar a los niños enfermos y sus familias. Tuve la suerte de servir como director en esa gran institución sanitaria. Nunca tuve noticia de iniciativa, ni proyecto, ni visita, ni de nada que tuviera que ver con el cuidado y la atención a los niños enfermos por parte del político malagueño ni de la formación que representa. Este hospital se ha sentido y se siente orgulloso de los profesionales que dan lo mejor de ellos para atender a los niños y mujeres enfermas, de todos los voluntarios que desde el anonimato ocupan su tiempo haciendo más fácil la estancia a todos, del gran número de instituciones que suman para que el hospital siga haciendo su cometido con dignidad, ciencia y humanidad, incluidas las diferentes cofradías de la ciudad que siempre están arrimando el hombro. Nadie que se ocupa verdaderamente de los niños entiende el afán de protagonismo de este tipo de políticos. La Legión en Málaga no necesita defensa, ni la Congregación de Mena, ni tampoco los profesionales del Materno, ante las críticas malintencionadas de los nuevos comunistas con Iphone.

Alberto Garzón desea hacer fortuna en una gira que quiere emprender por España con el título “Ser comunista hoy”. Con sus críticas a los Caballeros Legionarios ha querido que los focos regresen a él para iniciar su periplo. Debemos recordarle que el comunismo sólo tiene pasado. Ese pasado es el principal asunto del comunismo hoy. Alberto Garzón es pasado.

 

 

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