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Nueva temporada en la web Dr.Joseantonio Trujillo

En esta nueva temporada el Dr.Joseantonio Trujillo explica las novedades de su web, entre las que destaca su NUEVA CONSULTA ON-LINE.

 

Rajoy en el Jordán

El aburrimiento es el infierno de la política. En España llegamos a una situación de hartazgo y parálisis institucional, que hizo a muchos creer que daba igual que hubiera o no gobierno en nuestro país. La relevancia del papel del gobierno en una democracia como la nuestra pensábamos que estaba fuera de duda, hasta que algunos grupos políticos hicieron de la inestabilidad su razón de ser. Este sábado parece que esta irregular situación llegará a su fin. La desafección a la política nunca puede ser una buena noticia para un país que quiere ser dueño de su destino. Parece que por fin algunos políticos “han pasado por el abismo de lo serio”, como decía Max Jacob, y han manifestado la madurez política que se les suponía.

Para ser un gran presidente de gobierno, primero hay que ser simplemente presidente. Eso pensaría Rajoy en los largos días de espera para su segunda investidura. Los últimos comicios electorales conformaron un parlamento más acorde con la realidad actual española, en la que no existe una mayoría social que apoye sólo a un partido político y que exige que comience a prevalecer la costumbre del pacto desde la diferencia. Parece que el mandatario popular se ha presentado a la cámara con el ánimo renovado de ser consecuente a la nueva realidad parlamentaria, y como si del Jordán viniera, quiere mostrar su lado más dialogante. Él, en estos días, se ha empeñado en recordar que siempre tendió la mano cuando era ministro. Veremos lo profundo de su reconversión, cuando mañana domingo presente a su nuevo consejo de ministros. Todos confiamos en que no sea un gabinete plagado de amigos como en el anterior (Soria, Margallo, Fernández Díaz y Pastor). Aspiramos a que tenga vida más allá de la tensión que se generará cada viernes entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, porque ya nos agota. En algunas quinielas aparecen bien posicionados los fontaneros de Moncloa, como Jorge Moragas o Carmen Martínez Castro, y alguno de los “sorayos”. Ojala no caiga en esa tentación el presidente del gobierno, ya que lo alejaría de la nueva realidad.

El PSOE tiene que hacer ahora su travesía del desierto, tras su aventura del “no es no”. Tendrá que aplicarse seriamente en construir un nuevo discurso menos radical y más responsable.

Podemos está abierto en canal, y la victoria reciente  de Errejón en Madrid traerá consecuencias en breve. Pablo Iglesias es un mal poeta en la tribuna, y sus palabras no pudieron ni coagular su discurso mediocre.

Quién nos iba a decir a nosotros que al final esto iba a versar sobre Rajoy y el Jordán.

 

Diagnóstico: cáncer de mama.

A la vida sólo le pesa el tiempo. Sus kilos hacen real nuestros días. El tiempo  es caprichoso también con sus pasos. Siempre impone una dirección. Sabemos que conviene caminar en el sentido que nos marca. Nuestra felicidad depende de ello.

Un día, sin invitarlo, se cuela el cáncer en tu vida, y  el peso de los días se hace insoportable y te obliga a iniciar una carrera en línea recta, pero en la dirección equivocada.  La vida no era eso, te repites, no era eso. Sientes que el infortunio se ha detenido en tu casa, y comienza a chillarte. ¿Por qué te grita la vida? ,¿por qué a ti? Las preguntas comienzan a no tener respuesta.

Los días comienzan a escaparse, se te escurren entre los dedos, ya no soportas su peso. Tu cuerpo enfermo impone su discurso. La ligereza de lo incierto de las épocas felices desaparece cuando tu médico sin mirarte a los ojos, sin caer en la tentación de rozarte, recita el diagnóstico: cáncer de mama.

Cerca del corazón, ese que te guió siempre, las células malignas quieren imponerte la dictadura de su silencio. Te confunden, quieren que te entregues sin oponer resistencia alguna.

Durante unas semanas comienzas a escribir tu discurso de la derrota. Todavía nos has podido entender que en la vida siempre uno gana. El color de los días es tan oscuro que no puedes ni vislumbrar ese mensaje.

Llega un día, que encuentras que alguien ha puesto agua en tu vaso vacío sin tu esperarlo y que ha comenzado a caminar a tu lado sin hacerte preguntas. Se obra el milagro, y te das cuenta que para soportar el peso de tus días hay espaldas con las que puedes contar. Ellos necesitaban que comenzaras a caminar de nuevo en la dirección adecuada y entonaras el canto de la esperanza, el del no querer dejarte ganar la partida, sin ni siquiera disputarla. La vida se convierte en algo maravilloso de nuevo. Se reescribe, con palabras más profundas y relaciones más auténticas, porque has encontrado  sentido a tus días. El dolor y el sufrimiento son misterios que en demasiadas ocasiones nos descubren realidades mucho más profundas que jamás conocimos de su existencia, pero ya no te asustan.

Cada diecinueve de octubre, día contra el cáncer de mama, recuerdo a cada una de mis pacientes que se enfrentan con dignidad a una enfermedad que las hirió y que cambió , pero no llegó a derrotarlas. Ojala pueda seguir llenando su vaso con el respeto que me merecen, y me dejen seguir andando a su lado.

El tuerto Bob Dylan

La literatura incendia. Asola el territorio de lo vulgar. En la tierra quemada construye un nuevo universo con palabras. El hombre se reconoce en ella como un ser de lejanías, que trasciende a su propio tiempo y a su propia biografía. La literatura, no se pinta, no se esculpe, no se interpreta, sólo se escribe. No necesita pinceles, ni cinceles, ni pífanos, para desvelar su misterio. Nadie puede ser escritor por accidente, la  literatura es una empresa demasiado grande para ser tomada como una afición o un producto secundario derivado de otras artes. No es el plástico que queda tras refinar el petróleo. Es el metal precioso que hace grande a  sociedades como la nuestra demasiado empeñadas en resaltar la apariencia y el brillo de la bisutería intelectual. Dejarse seducir por la literatura es adentrarse en el terreno de lo sublime, sin dejar sitio para la hipocresía de lo políticamente correcto. La literatura pesa demasiado, sus arrobas no pueden descansar sobre los hombros débiles del escritor sin obra, al que han contratado para transportar las palabras como un mozo de una empresa de mudanza.

El jueves pasado supimos por boca de Sara Danius, secretaria de la Academia Sueca, que el cantautor estadounidense, Bob Dylan, había sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura de este año. Los académicos otorgaron este gran galardón de las letras al citado autor «por haber creado nuevas expresiones poéticas en la gran tradición de la canción americana». Parecía una broma pesada, pero créanme que el jueves no era el día de los Santos Inocentes. Estaba en la misma onda de la noticia de la semana anterior de la concesión del Nobel de la Paz a un político que no había conseguido aún el acuerdo por el que era premiado y que había sido rechazado por los supuestos beneficiarios del mismo. Todo un nuevo dislate de la Academia Sueca. Tanto en un caso como en el otro, contaron con el aplauso y la aprobación de las legiones de ciudadanos que pueblan la península de lo políticamente correcto, y eso es suficiente en estos tiempos de zozobra cultural y buenismo.

Lo gracioso del caso es que incluso los sesudos académicos, embriagados por la profundidad del mensaje del cantautor americano, resaltaron como mayor mérito sus “expresiones poéticas”. No se atrevieron a denominar a sus canciones como poesía a secas, a Dios gracias. A Dylan le acompañan muchos atributos y merecimientos, pero no ha sido agraciado con el don de la literatura. Sus canciones son inspiradoras y transformadoras, pero su literatura es inexistente. Será el primer premiado que venderá discos y no libros.

En este mundo en el que muchos creen que los ciento cuarenta caracteres de un “tuit” son el nuevo endecasílabo de este siglo, Dylan es el tuerto.

 

30 años de Atención Primaria en Andalucía

La salud de la población tiene mucho que ver con la fortaleza y calidad de su Atención Primaria. Nadie puede discutir el papel indispensable del primer nivel de atención sanitaria en el cuidado de los enfermos y su repercusión en la salud de la sociedad en general.

La Atención Primaria cumple en este 2016 su treinta aniversario en Andalucía. En estas tres décadas, podemos destacar muchos claroscuros que definen los contornos de un sistema sanitario público como el nuestro.

Los primeros años fueron los de oro de la Atención Primaria. Comenzaron a trabajar los equipos multidisciplinares en los nuevos centros de salud, con unos primeros médicos de familia bien formados y motivados, con una financiación aceptable, unas condiciones laborales soportables, y la confianza de los pacientes que no querían regresar al modelo masificado y descontrolado de los ambulatorios. La luna de miel duró poco tiempo. Las esperanzas que se pusieron en la gestión clínica para dar un salto de calidad en el servicio y en la sostenibilidad del sistema, fueron sólo cantos de sirena.  A día de hoy ni ayuda a la gestión, ni mucho menos, a la clínica.

La crisis de la Atención Primaria comenzó cuando no se les dio su sitio a los profesionales. Sus retribuciones comenzaron a nos ser equiparables a los especialistas hospitalarios y la financiación  comenzó a menguar. No se les dio a los médicos de familia capacidad de resolución con auténtico acceso a las pruebas diagnósticas, se les convirtió en el objetivo casi único del control del gasto farmacéutico y se les hizo rehenes de la dictadura de los cinco minutos.

Para ese tiempo, las sociedades científicas y otras entidades médicas, abandonaron a su suerte a los médicos, aceptando con normalidad lo que supuso la sentencia de muerte de la especialidad, que no era otra que la de enclaustrar la consulta del médico de familia dentro de los citados cinco minutos. Aquella imposición encontró a todas las entidades supuestamente defensoras de la Atención Primaria con demasiadas servidumbres, y muchos miembros de sus juntas y consejos ocupando puestos directivos o  de asesores de la propia Consejería de Salud.

En la actualidad la Atención Primaria no se reconoce, fuera de ofrecer una atención ambulatorizada a las demandas de los ciudadanos. Su papel como posible vertebrador de la salud de nuestra sociedad es sólo un espejismo. En los centros de salud se atienden no tanto a pacientes con enfermedades crónicas, sino a ciudadanos con demandas crónicas. No podemos focalizar el esfuerzo en los que más nos necesitan, ni comenzar a desechar medidas sin ningún valor añadido, si no se piensa de forma seria en gestionar de alguna forma la demanda.

Es verdad que es un lujo contar con la historia clínica informatizada, y los pacientes tienen una accesibilidad absoluta a los servicios de los centros de salud. Pero no podemos quedarnos ahí.

La propia Consejería de Salud no ha podido celebrar como se merecía este aniversario, porque sabe que el estado de la tropa no está para fiestas. Unas semanas antes de las últimas elecciones presentó un documento denominado “Plan de renovación de la Atención Primaria”, que por desgracia es ya papel mojado. No se afrontan de forma decidida los males de una Atención Primaria que merece recuperar su protagonismo.

 

 

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